Funcionarios del Pentágono analizan modificar la histórica neutralidad de Washington sobre la disputa de soberanía si Londres no acelera el aumento de su presupuesto de Defensa dentro de la OTAN.
Estados Unidos podría revisar su histórica posición de neutralidad sobre la disputa de soberanía de las Islas Malvinas como parte de las presiones para que Gran Bretaña aumente su gasto en defensa, según reveló ayer el diario británico The Telegraph.
La posibilidad es evaluada por altos funcionarios del Pentágono en medio de una revisión más amplia del compromiso militar y financiero de los países que integran la OTAN. El objetivo de Washington es que los aliados europeos aceleren el cumplimiento de la meta acordada en 2025: destinar hacia 2035 el equivalente al 5% del Producto Bruto Interno a defensa y seguridad.
De acuerdo con la publicación británica, la disputa por Malvinas aparece entre las distintas herramientas que la administración de Donald Trump podría utilizar para aumentar la presión sobre Londres si el gobierno del primer ministro Andy Burnham no presenta un sendero de incremento del presupuesto militar considerado suficiente por Washington.
La advertencia resulta particularmente sensible para Gran Bretaña. Estados Unidos mantiene formalmente una posición de neutralidad sobre la soberanía del archipiélago: reconoce la administración británica de facto, pero no se pronuncia sobre el reclamo de fondo que enfrenta a Londres con la Argentina.
Un alto funcionario estadounidense señaló a The Telegraph que el Reino Unido recibirá una «atención especial» dentro de la revisión que realiza el Pentágono sobre sus aliados. Consultado acerca de un eventual cambio de postura sobre Malvinas, aseguró que las conversaciones son serias y que Washington no descarta alternativas para conseguir un reparto mayor de los costos de defensa.
La presión de Trump sobre los aliados de la OTAN
La discusión forma parte de una ofensiva mucho más amplia de la administración Trump para reducir el peso que Estados Unidos asume dentro de la defensa europea y trasladar mayores responsabilidades militares a los países del continente y a Canadá.
Los miembros de la OTAN acordaron en la cumbre de La Haya de 2025 alcanzar para 2035 un gasto equivalente al 5% de sus respectivos PBI. De ese porcentaje, al menos 3,5 puntos deberán destinarse a necesidades estrictamente militares y hasta 1,5 puntos podrán computarse en infraestructura, ciberseguridad, resiliencia y otras inversiones vinculadas con la seguridad.
El problema para Londres es la velocidad con la que Washington pretende que sus socios avancen hacia esa meta.
El nuevo gobierno de Burnham enfrenta fuertes restricciones presupuestarias y todavía no definió cómo financiará el incremento previsto para Defensa. Desde el Pentágono consideran que los planes británicos anunciados hasta el momento resultan insuficientes frente al nuevo escenario internacional y reclaman compromisos más acelerados.
La presión quedó expuesta también esta semana durante las reuniones que Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política de Estados Unidos, mantuvo con representantes de los países de la OTAN en Bruselas.
Colby planteó que Europa debe asumir un papel mucho mayor en su propia defensa y reducir progresivamente la dependencia de armamento, capacidades y despliegues proporcionados por Washington. El Pentágono, en paralelo, lleva adelante una revisión de su presencia militar en el continente que podría derivar en una redistribución o reducción de tropas estadounidenses.
La Casa Blanca pretende liberar recursos para concentrar cada vez más su estrategia militar en otras regiones, principalmente el Indo-Pacífico.
Malvinas como herramienta de presión
La posibilidad de involucrar la disputa del Atlántico Sur en esta negociación representa un salto cualitativo porque introduce una cuestión territorial históricamente sensible para Londres.
Según The Telegraph, dentro del Pentágono se analiza la política estadounidense hacia las islas entre las posibles medidas capaces de ejercer presión sobre el Reino Unido. No existe, por ahora, una decisión oficial de modificar la postura de Washington.
El Departamento de Estado mantiene públicamente la línea tradicional estadounidense y sostiene que su posición continúa siendo neutral respecto de la soberanía. Sin embargo, las declaraciones provenientes del área de Defensa dejan abierta la posibilidad de utilizar el tema dentro de una negociación más amplia.
Para la Argentina, el debate adquiere especial relevancia en momentos de fuerte acercamiento político entre los gobiernos de Donald Trump y Javier Milei.
Ese vínculo no implica que Washington haya adoptado la posición argentina sobre Malvinas, pero un eventual abandono de su neutralidad histórica o cualquier modificación en la relación diplomática con Londres podría alterar un equilibrio que Estados Unidos mantuvo durante décadas.
La Argentina sostiene su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes y reclama la reanudación de negociaciones bilaterales con el Reino Unido, en línea con las resoluciones de Naciones Unidas.
Gran Bretaña, por su parte, reiteró que considera al archipiélago un territorio británico de ultramar y mantiene su negativa a discutir la soberanía.
Por ahora, Malvinas no dejó de ser una hipótesis dentro de las alternativas que estudia Washington. Pero el hecho de que la cuestión haya ingresado en las discusiones del Pentágono muestra hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno de Trump para conseguir que sus aliados europeos aumenten su contribución militar.
