La nueva política espacial de Estados Unidos busca ampliar la infraestructura, multiplicar los lanzamientos y avanzar en alianzas comerciales para futuras misiones más allá de la Luna.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó a la NASA estudiar alternativas comerciales para enviar astronautas a la superficie de Marte y garantizar su regreso a la Tierra, como parte de una nueva estrategia destinada a reforzar la capacidad de transporte espacial del país y profundizar la participación del sector privado.
La decisión quedó establecida en la nueva Política Nacional de Transporte Espacial , firmada por Trump el 20 de agosto. El memorando reemplaza las directrices que estaban vigentes desde 2013 y establece una serie de objetivos para ampliar la infraestructura, acelerar los lanzamientos y favorecer el desarrollo comercial de la actividad espacial.
Entre las instrucciones dirigidas específicamente a la NASA, el Gobierno estadounidense dispuso el desarrollo de una arquitectura logística lunar que facilite el transporte comercial hacia y desde la superficie de la Luna, la exploración de alternativas privadas para llevar vehículos robóticos a Marte y el análisis de sistemas comerciales capaces de transportar seres humanos hasta el planeta rojo y traerlos nuevamente a la Tierra.
Más de 1.000 lanzamientos por año
Uno de los objetivos más ambiciosos de la política es que, para 2030, la infraestructura espacial estadounidense pueda soportar más de 1.000 lanzamientos y reentradas por año.
Para alcanzar esa capacidad, la Casa Blanca ordenó evaluar nuevos sitios de lanzamiento y reentrada, facilitar inversiones privadas en instalaciones federales, agilizar permisos y revisiones ambientales y garantizar el acceso al espectro necesario para las operaciones espaciales. También plantea impulsar asociaciones público-privadas para financiar mejoras en la infraestructura.
La meta supone un fuerte salto respecto del nivel actual de actividad. Durante 2025 se registraron 178 lanzamientos estadounidenses bajo la medición utilizada para comparar la nueva política, con SpaceX como principal protagonista del mercado.
El memorando también establece una orientación clara: las agencias federales deberán priorizar los servicios comerciales cuando puedan cubrir las necesidades del Gobierno y evitar competir con empresas estadounidenses, salvo cuando existan razones vinculadas con la seguridad pública o la seguridad nacional.
Marte, sin una fecha definida
La nueva política no establece un calendario para el primer viaje tripulado estadounidense a Marte. Por el momento, la instrucción consiste en determinar qué tecnologías, sistemas de transporte y modelos de cooperación con empresas privadas podrían hacer posible una misión de ida y vuelta.
La NASA ya trabaja en una arquitectura de exploración que conecta las futuras operaciones en la Luna con el objetivo de llegar a Marte. El programa contempla probar primero en el entorno lunar tecnologías, sistemas de transporte e infraestructura que posteriormente puedan utilizarse en misiones humanas al planeta rojo.
La competencia espacial con China
La estrategia estadounidense se desarrolla, además, en medio de una creciente competencia espacial con China. Beijing mantiene su objetivo de llevar astronautas a la superficie lunar hacia 2030 y avanza en el desarrollo del cohete Long March 10, la nave tripulada Mengzhou y el módulo lunar Lanyue.
Estados Unidos, por su parte, busca volver a colocar astronautas en la Luna antes de que termine esta década y convertir esa experiencia en una plataforma para avanzar hacia Marte.
La nueva directiva de Trump amplía esa estrategia al colocar al sector privado en un papel central: no sólo como proveedor de lanzamientos y transporte orbital, sino también como eventual protagonista de las futuras misiones humanas más allá de la Luna.
