¿Se desinfla Alberto? Todos los frentes de un presidente “bajo fuego”

Comenzó la pandemia con números de popularidad pocas veces vistos en Argentina y con el correr de los meses el pesimismo se apoderó de la sociedad, lo que hizo caer su imagen. ¿Hay una operación destituyente en marcha?

Octubre llega para el gobierno con múltiples fuegos cruzados y desafíos por resolver que no pueden posponerse, porque los reclamos aumentan y las soluciones aparecen a cuentagotas, por una pandemia que no cesa y una economía herida en todos los frentes. 

Quienes conocen al presidente Alberto Fernández aseguran que el mandatario está más concentrado que nunca en la pos-pandemia y cómo plantear las reformas que el país necesita para salir de una vez por todas de la “administración de pobreza”, que ayer reveló el drámatico número de 40,3%.

Eduardo Valdés, diputado y amigo presidencial desde antes que cualquier sueño electoral de AF, asegura que el mandatario tiene en su cabeza el modelo de país pero un eje de poder político-económico maneja otra agenda: vaciar de poder político al gobierno de les Fernández

Rápidamente entra en escena Cristina Kirchner, vicepresidenta pero accionista mayoritaria, sobre quien el eje de poder nombrado por Valdés lanza la artillería pesada: “Todo lo que hace el gobierno quieren ponerlo para que beneficie a Cristina. Están en una campaña de estigmatización a CFK. Cada vez es más in crescendo”, asegura. 

Un ejemplo es el acuerdo con los acreedores privados por la montaña de deuda que dejó el dúo Macri-Caputo: “Nadie daba un peso por Guzmán y los medios casi no informaron, en el BID ganaron los americanos y parecía un desastre”. 

¿Pero cómo pasó de ser uno de los presidentes más populares de la historia con una cuarentena rápida para evitar el colapso al cuadro de hoy, con varios frentes y pocas soluciones concretas? “El presidente podía dominar la agenda al principio de la cuarentena. El aislamiento generó certezas -algo muy complejo- pero el paso del tiempo hizo de esas certezas algo muy cercano a la preocupación”, asegura Pablo Knopoff, director de Isonomía.

Para el especialista en opinión pública, el principal problema del presidente es que “gobierna una Argentina con un montón de pandemias juntas”. La extensión de la cuarentena, que en el AMBA dejó de existir como tal hace un tiempo, provocó la profundización de la pandemia económica, conformada previamente por la experiencia Macri en la Casa Rosada. 

“Lo que explica cierta erosión del presidente es que en un mar de preocupaciones empezó a crecer el pesimismo”, asegura Knopoff, para quien la pandemia no dejó de importar, sino que se sumaron otras preocupaciones. 

¿Y cuál es el objetivo del gobierno en el corto plazo? Para Valdés “el corto plazo es seguir peleando, que la pandemia no nos sature las camas y podamos seguir dominando la situación”. 

En ese sentido, después de casi siete meses de convivencia con el coronavirus, el sistema de salud respondió con mayor o menos estrés pero no se generó el desborde tan temido que se miraba por televisión del otro lado del Atlántico o cuando se gira la cabeza para ver cómo están los vecinos.

En el corto plazo, el próximo objetivo del gobierno junto con evitar un desborde sanitario es la reactivación económica. Las velas se prenden a alguna de las vacunas que con pericia geopolítica el gobierno logró asegurarse y que el rebote impacte en “el primer metro cuadrado” de los argentinos, según la teoría de Knopoff.

Alberto Fernández, Martín Guzmán y varios funcionarios del gobierno -podrían ser más- repiten cómo mantra que sin la inversión realizada en la pandemia las cifras de desempleo y pobreza serían peores. 

La administración Todista puso en el sistema productivo una varieté de créditos, pago de salarios (los famosos ATP) y demás instrumentos para que el parate provocado por el COVID-19 no hiera de muerte al entramado productivo nacional

Con esas herramientas todavía funcionando, lo que queda del 2020 y el 2021 deberían mostrar una realidad económica mejor para lograr un mejor clima social de la mano de la reactivación. 

“Tiene espacio para mejorar pero con una diferencia entre el anuncio y la realidad”, dice Knopoff y repite la idea del metro cuadrado.

Si la tesis oficialista sobre un intento destituyente es cierta -recuerda al período 2011-2015- se puede ver de forma clara en algunas situaciones: para planear la salida de la pandemia el gobierno envió un proyecto de reforma judicial al que la propia Cristina le bajó el precio pero aún así es vista como el boleto de la impunidad; anunció entre gallos y medianoches una quita de coparticipación a la Capital Federal, que le había sido asignado por un decreto macrista, para trasladárselo a Buenos Aires, todo en medio de una protesta policial alrededor de la Quinta de Olivos y fue visto como un ataque a la autonomía porteña; un aumento de la inseguridad que se devora al plan metropolitano de Seguridad anunciado con ministros, intendentes y el gobernador. 

Todo el combo explosivo, sumado a la durísima e inneg

able situación social erosionan a la administración que todavía no cumplió un año y está, como dicen en el seno del gobierno, “bajo fuego”.

A pesar de la durísima situación, la imagen del presidente todavía se mantiene a niveles similares a la que hizo ganar la elección en primera vuelta y con resultado abultado frente a un ex oficialismo devorado por la realidad.

Incluso con el deseo, puesto en boca del gobierno, de una amalgama de sectores que buscan verlo fracasar, vaciarlo de poder y generar una crisis destituyente -cuyo instrumento principal parecen ser la fake news sobre éxodo de empresas-, Fernández se mantiene, mantiene su mandato electoral de poner a la Argentina de pie que tuvo como primer paso el acuerdo de deuda y confía en evitar un colapso cuando llegue diciembre.

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