Los chicos y el Covid: las respuestas a 5 preguntas clave

Las internaciones en hospitales pediátricos generaron preocupación. Lo que hay que saber de cómo afecta a los niños y sobre la vacunación.

El cierre escolar, el aumento exponencial de la segunda ola, saber que los internados son más jóvenes que antes y cierta información alarmista que circuló sobre cuadros graves en chicos en los hospitales de niños Ricardo Gutiérrez y Garrahan –supuestamente por las nuevas variantes de coronavirus– despertaron gran preocupación en las familias con niños.

Aquí, las respuestas a los principales interrogantes sobre la relación del Covid y los chicos, y qué se sabe de la vacunación en ese segmento.

1. Se decía el Covid afectaba en forma leve a los chicos. ¿Algo cambió con las nuevas variantes?

Los virus son dinámicos e impredecibles, por lo que ninguna afirmación será categórica. Sin embargo, hoy la respuesta es “no”: por más que sean más contagiosas, las nuevas variantes de coronavirus que van ganando terreno en la Argentina (la del Reino Unido y la de Manaos, o P1) no afectan a los chicos de un modo diferente respecto de las que ya circulaban en el país.

Como viene explicando en los medios la jefa del Departamento de Epidemiología del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, Ángela Gentile, “el patrón pediátrico sigue siendo el mismo”. Es decir que son casos leves, en su mayoría, y de los moderados y graves (tomando los datos actualizados del Hospital Garrahan), el 80% corresponden a niños que contrajeron Covid y tienen alguna enfermedad de base.

2. ¿Por qué en la segunda ola se habla de que hay más chicos internados?

En materia pediátrica es muy fácil generar alarma. Los expertos en infectología pediátrica vienen explicando que, en un contexto de rebrote epidémico en franco ascenso, claramente habrá más contagios en todos los segmentos etarios.

Los niños no son una excepción: a diferencia de los adultos mayores (de los que se presume una baja en los contagios por haber sostenido mejor el aislamiento además del efecto “campaña de vacunación”), los chicos quedan proporcionalmente más expuestos.

A medida que los contagios aumentan (esto incluye, en las proporciones conocidas, asintomáticos, leves, moderados y graves), la situación se vuelve más visible (y es más comunicada por los medios) por la lógica tensión que impacta en el sistema de salud.

3. ¿Qué es el Síndrome Infl
amatorio Multisistémico?

El Síndrome Inflamatorio Multisistémico (SIM) es un cuadro que se vio en Europa y Estados Unidos a comienzos de la pandemia y que tuvo un leve correlato en Argentina. Se trata de una reacción desmedida del sistema inmune (tratable, con resultados positivos) que aparece en algunos chicos como efecto tardío (luego de tener, incluso, PCR negativa) de coronavirus.

La incidencia es baja: según informa la prestigiosa revista Nature, afecta a alrededor de 1 cada 1.000 niños (“y posiblemente sea menos”, aclaran). Ya en agosto Clarín informaba que se trata de un cuadro similar al conocido síndrome de Kawasaki y que, como fácilmente se confunde con otras virosis, conviene consultar rápidamente al pediatra si aparecen algunas de estas señales: fiebre sostenida por tres días, conjuntivitis no purulenta -tipo ‘ojo seco’-, exantemas o manchas en la piel y edemas en manos y pies.

Sin embargo, más allá de la cautela frente a estos signos, conviene otra vez recordar que los casos en la población se volverán proporcionalmente más “visibles” cuanto más crezcan los contagios de Covid en general.

4. Si en general los afecta poco, ¿se va a vacunar a los chicos?

Una reciente nota de la revista Nature compila las opiniones de distintos expertos en infectología pediátrica de talla internacional y pone luz sobre esta cuestión: si bien es raro que los niños hagan formas severas de la enfermedad por SARS-CoV-2, la búsqueda mundial de generar inmunidad de rebaño en las poblaciones a través de la vacunación (con la intención lógica de bloquear todos los callejones por los cuales circula el virus) es un plan que supone inmunizar, también, a niños y adolescentes.

Aun cuando de los más chicos se sabe que no son grandes contagiadores, la intención de erradicar el patógeno o minimizar todo lo posible su circulación se basa en un hecho central, y es que mientras más veces se replique el virus en una comunidad, más “cambios de camiseta” hará. Esos cambios azarosos que el virus efectúa en su aspecto (mutaciones) derivan en el surgimiento de lo que conocemos como “variantes”. Algunas no revierten importancia particular; otras (las llamadas “variantes de preocupación”) podrían ser más contagiosas y hasta más virulentas.

5. ¿Qué se sabe de los avances en cuanto a la vacunación infantil?

Pfizer-BioNTech y Moderna ya iniciaron ensayos de vacunación en chicos. Los más avanzados son de Pfizer y en adolescentes, con resultados auspiciosos, y ya comenzaron una línea de investigación en menores de 12 años. Moderna comenzó a estudiar su vacuna en niños el mes pasado. Sputnik es la única de las que se aplica en Argentina que anunció su incursión en estos ensayos: los iniciaría próximamente, aunque al cierre de esta nota se aguardaban más precisiones. AstraZeneca, en cambio, interrumpió su investigación en chicos.

Lo que se estima (en base a los resultados provisorios de Pfizer) es que, mientras más jóvenes son los voluntarios, más alta será la respuesta de anticuerpos, ya que tienen más “células del sis

tema inmunitario que no detectaron patógenos”, explicó a Nature Donna Farber, inmunóloga estadounidense de la Universidad de Columbia.

Esto revierte un par de obstáculos propios de la infancia, que tienen que ver con las diferencias sustanciales en el desarrollo, según las distintas edades, tomando en cuenta que el objetivo de las farmacéuticas es obtener vacunas contra el Covid para todo el espectro que va desde los adolescentes hasta los lactantes.

Así, considerando los diferentes niveles de anticuerpos según las edades, el primer desafío es determinar las dosis precisas para los distintos grupos. El segundo es encontrar la ecuación adecuada dentro del abultado esquema de vacunación infantil, de modo de evitar una competencia infructífera en la generación de anticuerpos.

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